BENDITOS



lunes, noviembre 22, 2004

ALIMENTO

Segunda Etapa la mas bella y triste de toda mi infancia...

No sabría decir con exactitud a que se debe esta necesidad que he adquirido, pero siempre que regreso de viaje me invade un sentimiento de volver al origen.

Esta última vez desde que venia aterrizando el avión, sentí alegría; extraño, nunca antes había sido tan evidente mi dependencia de la costa y de las personas que aquí viven.

Será algún tipo de reminiscencia infantil de aquellas madrugadas blancas de monzón, de las cuales lo que mas recuerdo es su sabor a mar, su sonido a golpe de hoja metálica sobre las almejas y de olas interminables arrodilladas al pie del acantilado secándose y mojándose eternamente. Era un sabor que mi cuerpo rechazaba al principio, pero a fuerza de costumbre y con un poquito de limón, salsa y sal, termina uno por hacer el gusto al grado de la adicción.

Un día reciente caminando por la escénica encontramos un remanso sin turistas, solo uno que otro surfer despistado, pero en general la playita se encuentra solitaria. Atardecía y las olas iniciaban el ritual de apareamiento con el sol, todas sus aristas se crispaban al contacto con aquella luz escarlata... inevitablemente al observar el sensual movimiento no podemos dejar de sentir esa vuelta al origen arcaico de nuestra naturaleza.

Así cada ves mas necesito mi dosis de murmullos marinos salados y en gotitas minúsculas sobre mi rostro. Los ojos recobran su color y vitalidad, el corazón se sintoniza con el ir y venir de las olas matizado con el vuelo perdido de un ave en el horizonte climático en el éxtasis de la vida, que se da como lluvia sobre nobles y gañanes igualando, regenerando, olvidando... porque todos los atardeceres muere, para renacer fuerte e incontenible con el alba entre mañanas que nos hablan de lo que sube a la montaña y que siempre regresa.

Tres pares de ojos completan mi catarsis, sin estupefacientes, sin mentiras, sin nada que no sea claro, solo el viento ondulando esos hermosos cabellos que dejan entrever las ventanas más sinceras que un hombre puede encontrar...en su soledad infinita.

Regresare como siempre al origen encontrado en la mirada de mi mujer, mi hijo, mi hija y el mar…

1 Comments:

At 6:21 p. m., Blogger Xquenda said...

Hay que hermoso, me ha gustado todo tu escrito muy en particular esto; "Atardecía y las olas iniciaban el ritual de apareamiento con el sol..."
wow! y lo demas que tierno y bello. hasta imagine el aire alborotando el cabello.

 

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